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Relatos / Viajes

Un lugar donde quedarse…..

Un lugar donde quedarse…..

¿Os ha ocurrido alguna vez, llegar a un lugar y prenderos de él? Eso me ocurrió hace años con una pequeña isla a la que añoro regresar y después de repente un día, me encontré plasmándolo en un relato que forma parte de una antología.

El mundo sin duda es un pañuelo, todo gira y se voltea, en un parpadeo ……

La Isla de Wight….

INTUICIÓN

descarga (1).jpegNo sabía bien porque había decidido viajar a aquel lugar pero algo le hizo vibrar cuando leyó aquel artículo en el periódico que hablaba de una isla paradisíaca para pasar unos días tranquilos. No daba muchos datos, así que busco en internet aún con la sospecha de que serían muchos los halagos encontrados, presintió que tal vez, no eran exageraciones y aquel lugar podría ser realmente un agradable sitio que visitar.

Necesitaba desconectar, desde que la banda de música de la que era solista se había desintegrado en apenas unos días, después de tantos años de lucha y éxitos, no encontraba paz ni sosiego, periodistas, amigos…

Demasiado ruido burbujeaba a su alrededor, una tormenta de emociones estaba sucumbiendo con su resiliencia y era apremiante quedar bajo la sombra de la ausencia un tiempo.

Cuando en la agencia de viajes me explicaron que el viaje resultaba un poco largo por qué había que realizar varias escalas en el avión y después  continuar en autobús hacía alguno de los tres puertos de donde partía el ferri hacia la isla de Wight, la duda sembró mi rostro, pero aun así decidí que iría, contra más lejos casi mejor, seguro que allí nadie me conocía y podía pasar desapercibida.

Me acerque a la biblioteca de mi localidad, pero como ya presentía, no tenían ninguna guía de viajes de aquel lugar, así que me dirigí al centro y adquirí una que hablaba de  la isla, pero no como todos esos turistas que van y no ven lo que tienen alrededor.

Me gustaba sentir el suelo sobre el que pisaba, oler sus momentos, observar sus paisajes, conversar con la gente, quería toparme con aquellos lugares mágicos que solo aquellos que viajan con la mente abierta y el corazón en la mano son capaces de encontrar.

Durante el viaje, una azafata me pidió un autógrafo, con tanta discreción que no se lo pude negar. Durante la travesía me perdí en mis mundos, donde a veces yo sola me intoxicaba. Me di cuenta de que no paraba de darle vueltas a la misma cuestión una y otra vez, escenificando todos los posibles resultados. Aquello no podía continuar así. Imperaba una desconexión inmediata, no solo existía el mundo de la música, además era muy buena componiendo y tocando el piano, además de solista, seguro que a la vuelta cuando todo estuviera calmado averiguaría que quería hacer con mi vida, ahora solo deseaba descansar y divertirse.

Llegar en ferri a la isla fue todo un lujo, ir sintiendo durante media hora, la brisa del mar en el rostro, mientras todos se quedaban tras la cristalera para no pasar frío. Todos huyen de las emociones que nos producen música para los sentidos. Deshumanización de ese mundo en que vivimos, tal vez, sería la definición para aquella manera de actuar.

En cuanto mis pies pisaron la isla, sentí la magia de aquel lugar, algo me decía que allí iba a encontrarme con muchas sorpresas.  Deje mi maleta en la habitación y Salí a pasear.

Como era de esperar, todo lugar que quiera llamar la atención turísticamente está lleno de atracciones, de puntos singulares, donde el bullicio se acumula.

Me avisaron de que no llegara tarde a la cena, no habría después forma de comer nada. La cocina cerraba pronto y en la isla los horarios se acomodaban a cierres tempranos y despertares tardíos.

Bordeaba un camino el hotel que llevaba al acantilado, allí me senté, absorta ante la belleza del momento, un atardecer en el que el mar bravío rompía contra las piedras haciendo huella. Escuche una melodía, sonaba cercana, pero por más que miraba hacia todos los puntos que podía divisar desde mi balcón a la vida, no localizaba de donde surgía. Sin apenas sentirlo, como un murmullo, estaba a mi lado, un muchacho muy joven estaba tocando una guitarra, un arrullo era su voz acompasando el momento.

Me reconoció al momento, cuando termino de tocar, me preguntó por qué había dejado la banda, yo me evadí como pude por las ramas, mientras encaminaba la conversación hacía él.

Estaba practicando, en un par de semanas tocaría en el festival de música internacional que se iba a celebrar en la isla, aquello podía ser su gran momento.

Me sorprendió aquello de tal manera, que el joven también extrañado me pregunto si todo iba bien, si me encontraba mal.

Yo huía de la música y resulta que me había ido a estrellar de cabeza en el lugar donde confluirían muchos famosos y periodistas, sin saber que a veces, todo acontece por algún motivo.

Los días siguientes transcurrieron entre la paz y la calma y los paseos tranquilos por la isla. Recorriendo cada rincón. Me escabullía de los lugares que como “The Needles” significaba bullicio. Aunque el lugar bien merecía su paso, elegí algo más cómodo, una pequeña embarcación me acerco rodeando los acantilados, así era mucho más asombroso, contemplar el abrupto y escarpado lugar donde la isla se adentra en el mar.

Aquel muchacho me acompaño en algunas excursiones, y me acerco su música a mi mundo. Después de cenar, al anochecer me recogía en su motocicleta y me llevaba a los lugares donde se reunían lo mejor de la música del lugar, de donde después brotaba ese gran evento en que a veces ellos eran los menos apreciados ante nombres tan imponentes como los Rolling Stone, Jimi Hendrix, Joan Baez, e incluso Bob Dylan, gigantes todos ellos de la música, y sinceramente no tenían nada que envidiar, podría incluso decir sin lugar a equivocarme, de que eran mejores.

Disfrute y mucho, recordaba aquello que decía mi abuela “Hay que disfrutar de la esencia en frascos pequeños, es todo un torbellino de emociones”, que razón tenía, aquello había devuelto y nunca dicho de mejor manera la música a mi vida.

Aquella isla era un paraíso en toda la extensión de la palabra, vida, naturaleza, gentes, momentos y música. Armonía que brotaba en cada uno de aquellos rincones.  El tiempo voló y sin darme cuenta mi residencia había pasado de ser un hotel a una casita de cuento en la ciudad de Shanklin.

Aquel muchacho y yo nos sumergimos en las aguas tempestuosas del rock de los primeros festivales celebrados en la isla, y resulto ser una experiencia tan grata, que rompiendo moldes, conseguimos ser el número uno de la isla, recorriendo todos aquellos pequeños pub que albergaba el lugar.

No sabía si aquello sería una constante en mi vida, nada es eterno, más bien efímero, pero pensaba disfrutar de cada nota que rozara mi piel en aquel lugar, mientras el tiempo sembraba la huella del destino. Música sin duda, aunque hubiera querido poner una distancia entre ella y mi ser, la encontré en mi camino, sin más. Final del formulario

Marijose.-

 

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