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Relatos

Ocurrencias… por Jano Arrechea

Ocurrencias… por Jano Arrechea

Me ocurrió una vez. Iba a bordo en un tren que había partido a la medianoche, desde Buenos Aires hacia Mar del Plata…esta ruta ferroviaria siempre tuvo una tendencia hacia los imprevistos y lo desconcertante.

A mitad de viaje, decidí ir a tomar algo al “coche comedor”…pedí un café y de pronto, con el excesivo movimiento del tren, se cayó ruidosamente un listón del techo…no lastimó a nadie y el mozo lo levantó y se lo llevó como si nada hubiera sucedido.

En la otra punta del vagón una parejita cantaba con un volumen medio, acompañada por una guitarra….agradable. En un momento, el “guarda” armó una especie de escenario, alentándolos a seguir. Esto promete, me dije. Prendí un cigarrillo y me coloqué en frecuencia…haciéndome el distraído, sin interferir. De pronto, el “guarda”, ya emplazado como animador, anunció que en la locomotora viajaba un gran cantor…al que a través del handy le iba a transmitiendo el recital (?), mientras le insistía para que viniera a cantar. Al rato, el escenario fue tomando cada vez mayor vida….y llegó la primera figura!…hizo unos pocos acordes y arrancó con una zamba, con entonación y buena voz…al final de cada tema, el vagón estallaba en aplausos…y corrieron algunas cervezas mientras el tren, que estaba en otro tema, atravesaba como podía la llanura casi desierta.

En un intervalo, un hombre joven que estaba delante de mí preguntó si podía recitar una poesía…y hubo un unánime ¡Claro, cómo no!…y arrancó con una poesía larga, postmoderna e incomprensible que el gauchaje aplaudió tímidamente por cortesía. Veníamos de escuchar algo como “….tuve que hacer un alto, por un toro mañero…” y las nuevas expresiones como “eterna levedad”, “una vida alta y despojada”, etc terminaron siendo demasiado existencialistas para el paisaje escondedor de estas pampas.

Siguieron más canciones y como cierre, una señora elegante se animó y recitó un poema de corte clásico…por mi parte disfruté reconfortado la sorprendente velada, aunque por momentos tuve una impresión de irrealidad….como si de golpe se hubiera constituido una cápsula que tomó vuelo, con nosotros adentro, a otra dimensión.

Es curioso cuánto me atraen estas situaciones…un tren anodino y destartalado…un pedazo de techo que se cae….un escenario imaginario…una fiesta insospechada…una poesía postmoderna… y la hermandad efímera, pero inolvidable de unos pasajeros.

Será que cuando mi conciencia buscaba un juez, lo encontraba…y ahora que busca libertad, la encuentra respirando en cualquier rincón.

 

Sí…esto me ocurrió una vez.

 

Dedicado a Pablo Fernandez.

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1 Comentario

  1. me encanto el relato, gracias por compartirlo

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