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Relatos

Me ocurrió dos veces…

Me ocurrió dos veces…

Me ocurrió dos veces. En ambas viajaba en avión. En la primera, éramos tres amigos. Para uno de ellos era su primer vuelo y tuvimos que animarlo previamente porque tenía un fuerte temor para subirse al “pájaro de acero”. Lo logramos…y ahí estaba tenso el hombre, sentado a mi lado. El viaje no era fugaz…duraba unas 5 horas y tenía una escala. Llegando a ella, escuchamos al comandante decir que “se iban a realizar algunas operaciones para sortear una dificultad”…lenguaje técnico y elusivo….algo pasaba.

Y sí…a paso decidido y con las camisas arremangadas vimos venir a los auxiliares de abordo…el primero llegó hasta la mitad del avión y con solvencia fue levantando y enrollando la alfombra del medio, quedando al descubierto unos 5 o 6 metros…la segunda, que era mujer, tomó una llave mediana y comenzó a abrir un compartimiento que estaba en el piso…pero lo mejor venía al final….el último traía una llave que medía, como mínimo, un metro y medio…se empezó correr un rumor entre el pasaje…”no baja el tren de aterrizaje….lo van a bajar manualmente”…la tensión ganó la escena. No había modo de calmar a mi amigo…se agarraba la cabeza con las dos manos, repitiendo una letanía dramática “…yo sabía…yo sabía…yo sabía”….mientras el procedimiento de emergencia avanzaba.

Y avanzó tanto que bajaron el tren de aterrizaje….y aterrizamos…y se escuchó el aplauso catártico más fuerte que escuché en mi vida. Tres días necesitó mi debutante amigo para “normalizarse”…doy fe que pese a este capricho del azar, él volvió a subirse a distintos aviones… como si se hubiera “curado de espanto” de golpe.

La segunda vez, viajaba hacia el Sur…de repente se escuchó…” si hay médicos a bordo, por favor acercarse a la cabina”…y las miradas se cruzaron inquietas, mientras adelante había movimientos nerviosos…a paso raudo dos pasajeros-médicos se dirigieron hacia allí…en un momento, una auxiliar hizo aparecer una especie de biombo….tuve la impresión que lo sacaba de un bolsillo, como una maga profesional.

Todo indicaba que no era un ataque de tos…a los minutos, uno de los pasajeros-médicos volvió hacia atrás repitiendo en voz baja “…falleció un pasajero…infarto”…y empezaron a escucharse lamentos, invocaciones y frases de ocasión…pero desde la fila de atrás alguien dice…”…no me parece un mal lugar para morir, capaz que desde esta altura se acorta el camino hacia donde vamos”…cuando giré para mirar, un viejito me hizo un gesto levantando sus ojos y después un guiño cómplice. Me sonreí con su ocurrencia, que fue mucho más que una brisa liviana en ese ambiente de desconcierto.

El avión tuvo que hacer una escala no prevista, para que viniera un juez y demás trámites…en el aeropuerto y ya algo fuera de la entropía de la aeronave, todo fue retornando a los carriles habituales…varios volvieron a sus almas centrípetas y a sus intereses y ya se quejaban de las dos o tres horas que iban a perder de sus “fascinantes vidas” (?)…

Es curioso…“cuando las papas queman” desaparecen muchas disimulaciones y aquello que en tiempos cordiales está algo oculto, pasa a primera fila y se hace visible.

Y así surgen expresiones de distinto signo…afortunadamente, casi siempre aparece alguien con gracia y espíritu sereno…y equilibra un poco los acontecimientos.

Sí…esto me ocurrió dos veces.

 

Dedicado a Pedro Bramati.

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